Los sacrificios detrás
de una medalla olímpica

Juan Celaya se ha convertido en uno de los deportistas más destacados de México. Durante la ceremonia de inauguración de los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026, fue el abanderado de la delegación mexicana.

El deporte en México muchas veces parece girar únicamente en torno al futbol, una disciplina que si bien es considerada la más popular en el mundo, para nuestro país rara vez se traduce en trofeos o medallas. Sin embargo, existe otro lado del deporte. Disciplinas en las que México sí es una potencia mundial y que, aún sin recibir tanto apoyo como el futbol, otorga grandes alegrías a la afición.

Una de esas disciplinas es la de los clavados, misma en la que México puede presumir grandes resultados en los últimos años. Juan Celaya es uno de los grandes exponentes de este deporte, pues se ha consolidado como uno de los mejores clavadistas del mundo.

Medallista olímpico en París 2024 cuando, junto a Osmar Olvera, conquistó la presea plateada en la prueba de clavados sincronizados desde el trampolín de tres metros, Celaya se prepara para sus terceros Juegos Olímpicos en Los Ángeles 2028, en donde tiene en mente un sólo objetivo: ser campeón.

Pero ‘Meme’ Celaya no fue siempre esa figura emblemática y reconocida del deporte nacional. En entrevista con N+, el oriundo de Monterrey, Nuevo León, contó los sacrificios que ha tenido que hacer para cumplir sus sueños y cómo muchas veces, pese a la falta de recursos, su familia lo impulsó a alcanzarlos.

"Definitivamente los que más influyeron en mi carrera siempre han sido mis papás, o sea, siempre son los papás los primeros patrocinadores, los primeros que creen en ti, los primeros que quieren que te vaya muy bien", dice Juan, quien asegura que de ese apoyo incondicional es que se creó la confianza, primero como un pequeño deportista y ya, con el tiempo, como uno de alto rendimiento.

En ese sentido, Celaya también reflexionó sobre los sacrificios que tuvo que hacer para poder llegar al nivel deportivo en el que hoy se encuentra. Teniendo claro su sueño desde muy corta edad, Juan compartió que el sacrificio más grande de su carrera ha sido vivir alejado de su familia, esa que tanto lo ha apoyado.

"Mi primera experiencia de estar lejos fue el irme a Estados Unidos a terminar mi carrera. Conseguí una beca por el deporte, una beca completa en la Universidad de Louisiana State", recuerda el clavadista mexicano. Los seis años que estuvo apartado de su familia, explica, lo hicieron madurar rápido, pues él "no sabía nada de la vida". Juan tuvo que aprender a cocinar, a lavar su ropa y a valerse por sí mismo. Sin embargo, incluso cuando concluyó sus estudios, tuvo que irse de nuevo para cumplir el sueño de competir en unos Juegos Olímpicos.

"Esos son los sacrificios más grandes. El tiempo con mi familia, que a veces que los veo, y que tengo tiempo de ir a verlos, luego me pesa porque ya veo a mis papás más grandes. Se siente diferente y duele un poquito en el corazón".

Afortunadamente, todo esfuerzo ha valido la pena en la carrera de Juan Celaya y luego de muchos años, finalmente ha encontrado la manera de disfrutar las competencias, incluso esas en las que no obtiene el resultado que desea. "Creo que me tardé 20 años en empezar a disfrutar bien mis competencias", reconoce. "Ahora tomo lo bueno y lo malo. Obviamente no es fácil, pero ahora, del camino tan difícil para llegar a Juegos Olímpicos de París y que se consumara con una medalla olímpica… creo que no hay mejor manera de describirlo: tienes que pasar todo lo malo para llegar a lo bueno".

Sin embargo, disfrutar del deporte que lo apasiona no le quita un sólo ápice de presión. Hoy, consolidado como una figura internacional de su disciplina, sabe que como dice el dicho ‘lo difícil no es llegar, sino mantenerse’.

"Mantenerse es definitivamente más difícil porque ahora todos están detrás de ti. Tienes un tiro al blanco en la espalda. Ahora tú eres la referencia de todos los demás y todos quieren tu puesto, todos todos quieren trabajar o están trabajando por lo que tú tienes ahora. Eso es lo más difícil", explica.

Con respecto a la importancia de voltear a ver otros deportes en México, Celaya reconoce que si bien el futbol es mucho más popular, otras disciplinas otorgan mayores alegrías al deporte nacional. "La mayoría de los deportes olímpicos, como los clavados, no somos profesionales, somos todavía deporte amateur. Pero somos potencia mundial, estamos en el top del mundo en todas las competencias. Voltear a ver los deportes olímpicos siempre trae bastantes alegrías y glorias a México".

"Lo que tiene que cambiar es simplemente que nos volteen a ver. Que haya un poquito más de interés por parte de los medios, del público y del gobierno".

Bajo ese panorama, es importante tener en cuenta que en México, históricamente, los deportes olímpicos no reciben tanto apoyo como el futbol. En ese sentido, Juan Celaya explicó que "apoyar" a un atleta no va únicamente de dinero, sino que abarca otras aristas como el seguimiento psicológico.

"Obviamente sólo se habla del dinero porque es como ‘¡Wow! El dinero es todo lo que quieren’, pero a lo mejor la gente no ve todo el trabajo que se hace detrás. No es nomás de que ‘te doy 10 pesos y ya con esos 10 pesos estás libre’. Obviamente hay más cosas que hay que ver", explica el medallista olímpico, quien recordó una anécdota en la que, al comienzo de su carrera, su familia llegó a organizar rifas para costear sus competencias internacionales.

"Mis papás estaban boteando en la calle, estaban haciendo rifas entre todos los del equipo para que pudiera ir a competir a Canadá", cuenta. "Regresé de esa competencia con 10 años y tres medallas de oro. Entonces, ya la gente empezó a voltear a verme". Sobre este tema, también aseguró que si se apoyara a los atletas desde una edad temprana, "tendríamos más medallas olímpicas y eso es una misión que ahora tienen las organizaciones y los institutos como la CONADE y el INDE, que están buscando por dónde y cómo hacer crecer más el deporte en México".

Y es que el deporte no se trata sólo de ganar medallas, sino que puede servir como una plataforma que cambie la vida de las y los jóvenes en México y el caso de Juan Celaya es el vivo ejemplo de eso. "El deporte es un trampolín para hacer cualquier cosa. El deporte te abre más puertas. Irme a estudiar a Estados Unidos, conocer al presidente, ser el abanderado de una delegación que fue tricampeona en los Juegos Centroamericanos, hablar más de un idioma", dice el clavadista, fueron algunas de las cosas más importantes que el deporte le ha dejado en la vida.

Actualmente, de cara a los que serían sus terceros Juegos Olímpicos, Juan Celaya se prepara para llegar al siguiente nivel. El clavadista mexicano, que llegará a la justa de Los Ángeles 2028 con 29 años de edad, quiere redondear una carrera que ya es histórica, con la cereza en el pastel: una medalla de oro olímpica.

"Ser campeón del mundo y ser campeón olímpico son definitivamente lo que me falta para culminar mi carrera", dice Juan, quien sigue demostrando que, de aquel pequeño niño que comenzó a interesarse por los clavados, aún queda la ambición de llegar lejos y de ser el mejor en lo que hace.

Sin embargo, el verdadero legado de Juan Celaya pretende alcanzar algo más que las medallas. "Me gustaría que la gente me recordara no por mis logros, sino por la trayectoria. Que me recordaban como una persona que nunca se rindió y siempre siempre aspiró a más, una que nunca se conformó con ser otro deportista más y fue alguien que cambió el deporte de México para siempre".

CRÉDITOS

  • Dirección: David Rodríguez M
  • Diseño e Interactividad: Mariel Kaplun, Saúl Garay
  • Fotos: Alexa Herrera
  • Guión: David Bohórquez