Durante la semana escuché a varios analistas quejarse por la ausencia de referencias a la oposición en el Segundo Informe de la presidenta Claudia Sheinbaum. A mí no me sorprende. La oposición partidista en México se ha vuelto prácticamente irrelevante. El PRI y el PAN han sido capturados por grupúsculos internos incapaces de ofrecer alternativas. Sus liderazgos, cortos de miras y escasos de ideas, si acaso están preocupados por mantener sus pequeñas parcelas de poder. Por eso el mensaje a la oposición resultaba, en algún sentido, innecesario.
En realidad, bien leídos los mensajes que envió la presidenta, estos estaban destinados principalmente a los miembros de su coalición gobernante. Es allí donde la presidenta enfrenta actualmente su principal desafío interno. Por ello, el inicio y el final de su mensaje aludieron a lo mismo: la honestidad y los principios éticos son la guía del movimiento. La honradez, la humildad, la sencillez y el servicio al pueblo son lo fundamental. Sin ellos, no queda nada. También exaltó otro mensaje: el de la unidad (“aquí no hay divisiones, aquí no hay rompimientos”).
El problema es que cada vez es más claro que hay una tensión notable entre los principios y la unidad. Cada vez surgen más evidencias de que varios miembros del movimiento se han alejado de los principios fundacionales. Un movimiento político que creció y se expandió por todo el país de manera tan vertiginosa atrajo a todo tipo de personajes. La heterogeneidad al interior de la coalición gobernante ocurre a distintos niveles. Uno de ellos es precisamente el relativo al apego a los principios. Por más que los reitere la presidenta, no todos los han internalizado o entendido. A muchos ni siquiera les importa ni lo intentan; si acaso, lo simulan.
La realidad es que los verdaderos adversarios del movimiento son los funcionarios o representantes electos que están vinculados o asociados con el crimen organizado. Los adversarios son los que nunca entendieron aquello de separar al poder económico del poder político. Los adversarios son los funcionarios que viajan en aviones privados propiedad de contratistas de sus gobiernos. Los adversarios son los gobernantes que perdieron su visa por razones inconfesables y que están dispuestos a negociar lo que sea con tal de poder volver a ir de compras a Estados Unidos.
La ostentación y las riquezas mal habidas de funcionarios y políticos también actúan en contra del movimiento. A todos ellos es a quienes se dirigió el mensaje político del Segundo Informe Presidencial.
Es claro que investigar a algunos de estos personajes puede ser costoso para el movimiento y que podría provocar fisuras y rompimientos. Pero también es necesario mandar ya un mensaje de que unidad no implica impunidad. En algún momento la prudencia podría confundirse con connivencia. Si algo debimos haber aprendido del derrumbe del PRI es que la complicidad no garantiza la continuidad. Es cierto que antes de la transición el PRI administró durante 70 años distintos grados de corrupción; sin embargo, le bastaron apenas 6 años de complicidad abierta para prácticamente desaparecer.
Es sabido que una manzana podrida suele contaminar a todas las manzanas del frutero. Algo similar pasa con la gangrena en un cuerpo enfermo. A veces es necesario extirpar para sobrevivir. Quizás ha llegado el momento de comenzar una depuración al interior del movimiento. No todo pasa por investigaciones o juicios formales. El mensaje, sin embargo, tiene que ser contundente: la unidad es importante, pero esta no debe garantizar la impunidad.